Señales en el camino

Cuando el camino está lleno de señales. Luces a izquierda y derecha que indican la mejor de las rutas. Triángulos equiláteros invertidos que advierten de un riesgo, solicitan precaución, signos de exclamación en su interior que señalan una amenaza, un peligro difícil de definir, pero no por ello menos real. Incluso algún que otro hexágono con una palabra en inglés, obligándote a parar “Stop”, a mirar a izquierda y a derecha antes de continuar, de seguir en el mismo sentido o de cambiarlo porque te proporciona tiempo para la reflexión.

Un círculo rojo con un rectángulo blanco en su interior. Está frente a tí. No puedes seguir por ese camino. Es una dirección prohibida. ¿Qué vas a hacer?

Lo estás viendo todo, estás recibiendo todas las señales con cada uno de tus sentidos, incluso con el “común”, no puedes ignorarlas… aún así, te empeñas en seguir. Piensas: “quién no se arriesga no gana” pero sabes que no podrás hacerlo, que no hay ninguna posibilidad de ganar porque, además, a medida que avanzas, el camino se hace más estrecho, ya casi no cabes y hay nuevas señales, surgen como de la nada…

Tienes que parar, ¡tienes que hacerlo ya! Es el momento de cambiar el sentido de la marcha, de volver a casa, a tí… Tal vez sea mejor cambiar la dirección, ir a otro lugar… ¡No puedes pensar con claridad! ¡Párate! ¡Piensa! ¡Espera, no lo decidas todavía!

No se trata de escapar corriendo. Ahora puedes hacerlo despacio, sin ruido, poco a poco, gira el volante (a la izquierda, siempre a la izquierda). Incorpórate al carril de salida… nadie se dará cuenta, cuándo quieran levantar la mirada, se encontrarán con que no estás allí para mantenerla, ya estarás lejos. Lo conseguirás, no te quepa duda, está en tu mano, sólo tienes que proponértelo, siempre consigues lo que te propones, hazlo ¡lo harás!

¡FÁCIL! (26 de junio de 1996)

Es fácil pensar en olvidar,
en poco a poco dejar de amar,
en salir por la puerta de atrás.

Sería difícil no abandonar,
no dejar libre ese lugar,
que para nada sirve ya.

Es fácil ver la progresión,
a hurtadillas, como un ladrón,
voy recuperando mi corazón y mi razón.

Es fácil volver a reir,
de nuevo, en su presencia,
poder, al fin, vivir,
tranquila, con su ausencia.

Fue difícil dejar de querer,
pero pude así entender:
que es fácil volver a ser,
yo misma otra vez.

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